
Michelle Bachelet está en campaña para abolir el sistema binominal es menester que todos sepamos de qué se trata este sistema, cuales son sus ventajas y desventajas, y cuál es su historia.
Debido a que el gobierno de Michelle Bachelet está en campaña para abolir el sistema de elecciones binominales vigente en nuestro país en una medida enmarcada dentro del futuro pacto que piensa realizar con el Partido Comunista, un partido que siempre ha sido opositor al gobierno, pero que resulta atractivo ahora que el oficialismo está perdiendo poder es menester que todos sepamos de qué se trata este sistema, cúales son sus ventajas y desventajas, y cuál es su historia.
El sistema electoral binominal nació como parte de un largo y oscuro proceso de reformas institucionales acaecido durante el régimen militar que finalizó con las reformas constitucionales realizadas en 1989 . Desde sus orígenes el sistema binominal ha sido objeto de fuertes, aunque hasta el momento, infructuosos ataques. La discusión sobre el binominal ha estado marcada por posturas dogmáticas, tanto a favor como en contra, y por la falta de estudios con bases empíricas. En este artículo pretendemos contribuir a subsanar ambas deficiencias mediante una evaluación del funcionamiento del sistema binominal desde 1989.
Ante esta dicotomía este artículo pretende responder dos preguntas centrales. Primero, ¿Qué tan bueno o malo (y para quién o para qué) ha sido el sistema binominal? Es decir, qué tanta base empírica existe en los argumentos dados por los detractores y apologistas del sistema y cuánto de los argumentos obedece a intereses y cálculos políticos de los diversos actores. Luego, conectado a lo anterior, nos preguntamos ¿Es posible realizar modificaciones al sistema binominal que permitan perfeccionarlo, manteniendo sus cualidades y subsanando sus defectos? En otras palabras, queremos aportar al debate sobre las reformas del sistema electoral chileno buscando alternativas intermedias entre las propuestas mayoritarias y las proporcionales, intentando mantener lo bueno que pueda tener el sistema binominal y solucionando sus más serios problemas.
El sistema binominal ha sido funcional a los intereses de la derecha, que ha colaborado a mantener la Concertación unida y en el poder y que ha favorecido la gobernabilidad y estabilidad política en tiempos en que dichos asuntos eran de especial relevancia para la nueva democracia en Chile. Los grandes perdedores con este sistema han sido los sectores de izquierda no afiliados a la Concertación. En la medida que dichos sectores continúen siendo numéricamente irrelevantes y sigan excluidos del sistema, la democracia chilena corre el riesgo de debilitarse.
Tal como ha sucedido con varias otras reformas institucionales y constitucionales de alta significación política, no será de extrañarse que cuando una parte suficiente de la derecha se convenza que el sistema binominal es dañino a sus aspiraciones presidenciales y que su mejor alternativa para romper la coalición de centro izquierda es cambiar el binominal por un sistema proporcional, la Concertación, atrapada por su propio discurso, rápidamente apoyará dicho cambio, sin evaluar adecuadamente los costos para la propia coalición y para la gobernabilidad. Por eso es necesario encontrar alternativas que logren dar representación parlamentaria a las minorías excluidas, sin alterar los incentivos coalicionales y pro gobernabilidad del sistema actual. Creemos que eso es enteramente posible.
Dentro de cada una de las dos principales coaliciones el sistema binominal ha favorecido sistemáticamente al subsector mayoritario, en perjuicio de la segunda mayoría interna. Por lo mismo, usualmente el subsector minoritario tanto en la Alianza como en la Concertación ha tendido a tener una actitud más favorable a cambiar el sistema. En ambas coaliciones ha ido cambiando desde 1989 el subsector beneficiado. Eso hace más probable un apoyo cruzado por parte de los subsectores desfavorecidos en el momento, tanto en la Concertación como en la Alianza para una reforma al sistema.
El sistema electoral binominal nació como parte de un largo y oscuro proceso de reformas institucionales acaecido durante el régimen militar que finalizó con las reformas constitucionales realizadas en 1989 . Desde sus orígenes el sistema binominal ha sido objeto de fuertes, aunque hasta el momento, infructuosos ataques. La discusión sobre el binominal ha estado marcada por posturas dogmáticas, tanto a favor como en contra, y por la falta de estudios con bases empíricas. En este artículo pretendemos contribuir a subsanar ambas deficiencias mediante una evaluación del funcionamiento del sistema binominal desde 1989.
Ante esta dicotomía este artículo pretende responder dos preguntas centrales. Primero, ¿Qué tan bueno o malo (y para quién o para qué) ha sido el sistema binominal? Es decir, qué tanta base empírica existe en los argumentos dados por los detractores y apologistas del sistema y cuánto de los argumentos obedece a intereses y cálculos políticos de los diversos actores. Luego, conectado a lo anterior, nos preguntamos ¿Es posible realizar modificaciones al sistema binominal que permitan perfeccionarlo, manteniendo sus cualidades y subsanando sus defectos? En otras palabras, queremos aportar al debate sobre las reformas del sistema electoral chileno buscando alternativas intermedias entre las propuestas mayoritarias y las proporcionales, intentando mantener lo bueno que pueda tener el sistema binominal y solucionando sus más serios problemas.
El sistema binominal ha sido funcional a los intereses de la derecha, que ha colaborado a mantener la Concertación unida y en el poder y que ha favorecido la gobernabilidad y estabilidad política en tiempos en que dichos asuntos eran de especial relevancia para la nueva democracia en Chile. Los grandes perdedores con este sistema han sido los sectores de izquierda no afiliados a la Concertación. En la medida que dichos sectores continúen siendo numéricamente irrelevantes y sigan excluidos del sistema, la democracia chilena corre el riesgo de debilitarse.
Tal como ha sucedido con varias otras reformas institucionales y constitucionales de alta significación política, no será de extrañarse que cuando una parte suficiente de la derecha se convenza que el sistema binominal es dañino a sus aspiraciones presidenciales y que su mejor alternativa para romper la coalición de centro izquierda es cambiar el binominal por un sistema proporcional, la Concertación, atrapada por su propio discurso, rápidamente apoyará dicho cambio, sin evaluar adecuadamente los costos para la propia coalición y para la gobernabilidad. Por eso es necesario encontrar alternativas que logren dar representación parlamentaria a las minorías excluidas, sin alterar los incentivos coalicionales y pro gobernabilidad del sistema actual. Creemos que eso es enteramente posible.
Dentro de cada una de las dos principales coaliciones el sistema binominal ha favorecido sistemáticamente al subsector mayoritario, en perjuicio de la segunda mayoría interna. Por lo mismo, usualmente el subsector minoritario tanto en la Alianza como en la Concertación ha tendido a tener una actitud más favorable a cambiar el sistema. En ambas coaliciones ha ido cambiando desde 1989 el subsector beneficiado. Eso hace más probable un apoyo cruzado por parte de los subsectores desfavorecidos en el momento, tanto en la Concertación como en la Alianza para una reforma al sistema.
1 comentario:
El sistema binominal, es el peor de los regalitos que nos dejó amarrado Jaime Gúzman, el creador de la constitución del 80', que luego fue electo injustamente por su propio sistema pero que gracias a nobles hombres el país fue librado de su asquerosa presencia.
Ayer en canal 13 se discutió este tema y la verdad es que la derecha representada por TFJ Lily Pérez hizo lo de siempre, desviar el tema y culpar a la concertación.. claro que esta sra. lo hace de una manera tan ridícula y estúpida que hace dudar de su capacidad para ejercer como senadora de la república.
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